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jueves, 27 de septiembre de 2007

...entrevista a REM KOOLHAAS

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...este martes 25 de septiembre publicó Clarin, en su habitual - y excelente - suplemento de arquitectura semanal, una completísima entrevista a Rem Koolhaas, tremendamente interesante, a propósito de los nuevos proyectos que sobre las viviendas y pasajes tradicionales del centro de Beijing se vienen desarrollando.
...la entrevista no tiene desperdicio, en especial porque a estas alturas, el prestigioso arquitecto holandés es extremadamente sincero, y habla bien claro sobre la situación de la arquitectura y la política general en China...
...la entrevista se completa con una breve sinopsis de la vida y obra de Koolhaas, clave, quizá, para entender a uno de los mayores artífices de la evolución de la arquitectura actual...
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...te dejo el texto íntegro publicado por The Guardian para Clarin...
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...porJONNATHAN GLANCEY. The Guardian, especial para Clarín
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Rem Koolhaas tiene unas fotografías que quiere mostrarme. No son fotos lujosas de algún nuevo edificio asombroso que haya creado, sino pequeñas instantáneas de la vida cotidiana en los viejos pasajes de Beijing. Se los llama "hutongs", y son verdaderas redes de casas improvisadas y pasajes organizados en torno de pozos.
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"La mayor parte pronto va a desaparecer" , dice el arquitecto en la sede de Rotterdam de su empresa, Oma (Office for Metropolitan Architecture).
"El año que viene se realizarán las Olimpíadas y se los va a considerar anticuados e impresentables. A los que viven ahí les están dando departamentos nuevos, bien equipados y limpios, pero creo que la gente va a extrañar su vieja forma de vida allá abajo, en los pasajes."
Sí, allá abajo, con los vendedores de fruta, las cocinas comunes, el ajetreo y el humor urbanos, los magos ambulantes y los lavaderos públicos. Todo eso cederá paso al nuevo mundo olímpico.
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En su lugar, en pleno corazón de Beijing, surgirán por lo menos trescientos edificios de hoteles y oficinas con aire acondicionado. El más conspicuo de esos devoradores de hutongs será la nueva sede de la Televisión Central China (CCTV), que estará lista para las Olimpíadas de agosto del año próximo y supondrá un cambio abismal en relación con los antiguos pasajes. ¿Su arquitecto?, Rem Koolhaas.
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Ese es precisamente el tipo de paradoja en que se mueve este arquitecto brillante y autocuestionador. En público es el maestro del diseño avasallador, pero en privado mira con cariño a las personas y lugares que se ven en las fotografías, así como al viejo estilo de vida oriental en vías de desaparecer. Mientras la estructura heroica del edificio de CCTV, que diseñó con el visionario ingeniero de Arup Cecil Balmond, emerge en el smog de Beijing, Koolhaas trabaja también en la discreta nueva sede de la filial bancaria del imperio Rothschild en Londres. Será la primera gran obra del holandés en Gran Bretaña. Si uno no lo supiera, sería difícil adivinar que es producto de la misma mano y la misma mirada que CCTV.
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Aldea mediática. La torre de CCTV es verdaderamente ambiciosa. Tiene unos 230 metros de altura y está diseñada como un caracter chino tridimensional. La estructura de acero forma un lazo espacial continuo que asciende y rodea el volumen del edificio. En el interior de esa compleja red estructural habrá una "aldea mediática" (más bien una ciudad) que también tendrá lugares para comer y jugar, así como una galería pública increíble. Es una montaña rusa de ideas radicalizadas.
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Sin embargo, a pesar de tanta libertad de diseño, a CCTV le falta libertad de expresión. Sin duda se trata de una arquitectura audaz y de una planificación interna nueva. Se emitirán dieciséis canales por medio de nueva tecnología digital. Pero CCTV sigue siendo un subministerio del gobierno de la República Popular China. El Departamento de Propaganda controla los nuevos programas.
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Este holandés altísimo podrá haber diseñado algunos de los edificios ultramodernos más audaces, polémicos y aclamados de los últimos diez años —la Biblioteca de Seattle, la Casa de la Música de Oporto, la embajada de Holanda en Berlín—, pero no puedo evitar pensar que, a pesar de la emoción de trabajar en la creación de CCTV, su corazón pertenece a un mundo más cercano a los hutongs de Beijing, algo más exótico.
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Hombre de dos mundos. El arquitecto nació en Rotterdam en 1944 y pasó cuatro años de su infancia en Yakarta. "El país acababa de independizarse", dice. "Yo vivía como si fuera indonesio." Le encanta Indonesia como a los ingleses les encanta la India. Su padre, Antón, fue un destacado periodista holandés, además de novelista y guionista, que llegó a ser amigo de Sukarno, el primer presidente de Indonesia, que alguna vez había estudiado arquitectura e ingeniería civil. En algún lugar de la mente del pequeño Koolhaas seguramente el sabor de lo exótico ya se mezclaba con el gusto por la escritura, así como por las construcciones y lugares, lo que lo llevaría a trabajar primero como periodista para el Haagse Post y luego como guionista en Holanda y en Hollywood, antes de inclinarse por la arquitectura en 1968. Sería todo un CV para cualquiera, sobre todo si, como en su caso, no tuviera más de veinticuatro años.
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En 1956 Koolhaas volvió a Holanda y luego a su ciudad natal, Rotterdam. Todo el que haya nacido en Rotterdam durante y después de la Segunda Guerra Mundial debe haber barajado ser arquitecto. Desde el 14 de mayo de 1940 la ciudad dejó de existir tras el ataque de noventa bombarderos alemanes. Las cifras sobre la cantidad de muertos varían, pero se perdieron 24.978 viviendas, 24 iglesias, 2.320 negocios, 775 depósitos y 62 escuelas. Unas 80.000 personas se quedaron sin hogar. El gobierno holandés se rindió a los alemanes ese día, después de apenas cinco días de guerra.
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"¿Siempre diseñó Rotterdam?" pregunto, pensando que en su juventud debe haber soñado con reconstruir su ciudad natal y que debe ser difícil sacarse de la cabeza la ciudad bombardeada. Se incorpora. "¿Lo dice porque crecí en una ciudad que en cierto sentido no existía?" Sí, por eso fue necesario recrearla. Si uno mira la Rotterdam actual, la ciudad posterior a la guerra está salpicada del tipo de construcciones que hoy podrían verse en China y Medio Oriente.
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Koolhaas juega con la lapicera. "Sé a qué se refiere. Diseñamos muchos edificios en ciudades en una situación en algún sentido similar a la de Rotterdam en la década de 1940: Beijing, donde están demoliendo buena parte de la ciudad antigua en aras de la modernidad; Dubai, una ciudad nueva que crece con rapidez, como un adolescente del desierto en el que antes no había edificios; Abu Dhabi..."
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Cambia de rumbo. "Pero no fue el caso de construcciones como las de Seattle y Oporto, o la Embajada en Berlín, que pertenecen a ciudades establecidas y se inspiran en lo que las rodea tanto como en lo que va a pasar en su interior. La Casa de la Música (de Oporto) suele describirse como un meteorito que chocó con la ciudad, pero no era esa nuestra intención. Nosotros la diseñamos como parte real de la ciudad existente, como un actor audaz y provocativo."
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Trabajo en equipo. Cuando Koolhaas dice "nosotros", se refiere a su estudio Oma, que cuenta con 230 colaboradores y se fundó en Londres en 1975, si bien el taxista que me dejó ante el edificio de oficinas de Rotterdam donde Oma tiene su sede, dice que Oma significa "abuela" en holandés. Aquí tiene también su sede Amo, la firma de investigación de Oma. Koolhaas publicó artículos y libros fascinantes y muchas veces contradictorios sobre innumerables temas urbanos desde la aparición de su primer libro, Delirious New York, de 1978, que obtuvo un gran éxito. En Harvard, donde da clase, sus alumnos de posgrado elaboran extensos informes sobre los temas predilectos de Koolhaas, como la forma en que el delta del río chino Perla, que va desde Hong Kong a Macau pasando por Guangzhou, se convirtió en una zona construida ininterrumpida y terminó por convertirse en la ciudad más grande del mundo.
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En otro informe se analizó cómo las compras alimentan el crecimiento urbano y cambian el desarrollo y el diseño. La diseñadora de modas Miuccia Prada quedó tan impresionada con los hallazgos —tiene un doctorado en ciencias políticas—, que le encargó a Koolhaas el diseño de locales para su imperio de modas en los Estados Unidos. La última investigación de Harvard se concentra en Lagos, una ciudad que intriga a Koolhaas porque es al mismo tiempo moderna, confusa y lírica, rica y pobre, llena de energía y corrupta pero, por sobre todas las cosas, una ciudad que está viva en un sentido en que su Rotterdam natal —una ciudad fantasma en agosto— no lo está. "Me gusta Rotterdam", dice. "Trabajamos en una oficina barata sin que haya distracción alguna. Pensamos por nosotros mismos. De alguna manera estamos fuera de la movida arquitectónica. No seguimos modas."
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Sin embargo, los que siguen la moda aman a Koolhaas. Es uno de esos arquitectos a los que las revistas de diseño dan un tratamiento de estrella. Todos los meses Oma recibe más de mil solicitudes de graduados del mundo entero que aspiran a trabajar ahí. Koolhaas recibió prácticamente todos los premios existentes. Está en la cima de la arquitectura junto con colegas como Frank Gehry, Zaha Hadid, Daniel Libeskind y Toyo Ito. Cuando dice que odia la cultura de la "fama", lo dice casi en serio. Koolhaas, sin embargo, es contradictorio. Es un hombre que impulsa la libertad de pensamiento pero que trabaja con placer para gobiernos absolutistas. Es un arquitecto que proclama su desconfianza por la moda en el diseño pero que es responsable de algunas de las nuevas construcciones más admiradas, la Casa de la Música y CCTV entre ellas. También diseña construcciones "antiemblemáticas" en Dubai que son casi deliberadamente simplistas o insípidas. El crecimiento de Dubai parece resultarle absurdo, si bien tiene una gran participación en el mismo con el diseño de ambiciosos edificios de oficinas, departamentos y centros de convenciones. Algunos de los diseños de Oma en Dubai, tales como el proyecto de centro de exposiciones Ras-al-Khaimah, parecen salidos de páginas de historietas de ciencia ficción. Otros parecen torres de oficinas de los años 60.
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Koolhaas vive dos vidas al mismo tiempo. Es un hombre muy flaco y lleno de una energía plácida, que dice que practica natación siempre que puede. Tiene dos casas con dos mujeres diferentes en dos ciudades distintas. En Rotterdam comparte su vida con la diseñadora de interiores y jardines Petra Blaisse. En Londres, vive con su esposa, la artista Madelon Vriesendrop, con la que tiene un hijo y una hija de veintitantos años. Así como Koolhaas puede amar los hutongs de Beijing y diseñar la torre de CCTV, parece poder llevar una compleja vida personal. En todo caso, dice, Londres es la única ciudad en la que puede no hacer nada y sentirse feliz.
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El poder de los medios. Como se mostró dispuesto a correr riesgos, y como no es como la mayor parte de los arquitectos, Koolhaas tuvo sus altibajos profesionales. Cuando se frustró el primer proyecto importante de Oma, un centro de arte y tecnología de medios en Alemania, Koolhaas se dedicó a trabajar en su libro S, M, L, XL con el diseñador gráfico Bruce Mau. El libro se publicó en 1995 y expone la convicción de Koolhaas de que las dimensiones de las ciudades y los edificios actuales significan que las viejas normas de diseño, proporciones y planificación clásicas y del Movimiento Moderno carecen de sentido. Mientras tanto, le llovían encargos de proyectos precisamente en tales ciudades."La economía de mercado prospera en base al espectáculo y la novedad", dice Koolhaas. "Sus construcciones son cada vez más dramáticas. Ofrece la promesa de una completa libertad, pero en arquitectura eso lleva con rapidez al peligro de lo grotesco. Es difícil producir construcciones serias y disciplinadas en tales condiciones. Los medios, por supuesto, alientan esa arquitectura adolescente. Prestan más atención a las construcciones capitalistas exageradas, a la creciente acumulación de extravagancia arquitectónica, a los museos caprichosos llenos de negocios. Calculamos que entre 1995 y 2005 a Oma se le pidió que propusiera diseños para nuevos museos con una superficie equivalente a 34 canchas de fútbol, todo ello producto del crecimiento del mercado más que de la cultura. Tal vez aún haya una nostalgia residual por el refinamiento, pero la presión va en el sentido opuesto."
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Si bien es consciente de las dimensiones absurdas de las ciudades actuales y su arquitectura, ello no le impide diseñar construcciones "emblemáticas" al tiempo que censura esa misma práctica y diseña alternativas más pequeñas. No es extraño, entonces, que, cuando le pregunto sobre sus próximos planes, conteste: "Escribir más". Hace poco le pidieron que remodelara las galerías del Hermitage de San Petersburgo, y Koolhaas sugirió hacer lo menos posible, reducir la intervención arquitectónica moderna al mínimo.
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Es uno de los arquitectos más fascinantes del mundo. Es también un agudo observador en lo que respecta a política, economía, ciudades y construcciones. Cómo consigue equilibrar ambas cosas es un misterio. Se trata de un arquitecto que un día podría sentarse con Dios para diseñar edificios públicos refinados y útiles incorporados a la vida de ciudades antiguas, y al día siguiente colaborar con el diablo en el diseño de la arquitectura caprichosa que exige el capitalismo a ultranza.
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(c) The Guardian y ClarínTraducción de Joaquín Ibarburu
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[...toda la entrevista íntegra en el suplemento de arquitectura de clarin.com, pinchando aquí, dodne cada semana podrás encontrar artículos técnicos y de divulgación francamente fascinantes...]
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